miércoles, 23 de noviembre de 2016

Justicia y Paz: La Palabra de Dios en contraposición a las ideologías

* * *
(Las Bienaventuranzas, Mateo 5, 1-11; Lucas 6, 20-23).


Muchos que fungen como "promotores" de la paz, y que por su condición de comunistas declarados son además ateos confesos y profesos, citan sin reato alguno el versículo 9 del capítulo 5 del Evangelio de San Mateo, que literalmente dice: «Dichosos los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios».

Manipulan la Palabra de Dios, socavan su sentido y la "ideologizan", confirmando así aquello de que "un texto fuera de contexto se convierte en un pretexto", en este caso, para sus propios fines. Y se valen de este versículo para injuriar a los mismos cristianos que cuestionan el contenido y alcance de su osadía, llamándolos "enemigos de la paz".

De modo que, por efecto de este artilugio, se consuma la pretensión de impunidad de los sediciosos que han ejercido el terror en todas sus formas durante décadas, y ahora devienen vea usted en "hijos de Dios" . Y lo peor es que no faltan, entre los creyentes, quienes los prohíjen.

En contra de su falacia, el mismo pasaje enuncia no ya uno, sino dos versículos que se refieren de manera concreta a la Justicia como el antecedente necesario y el fundamento de una sociedad ordenada conforme a la Dignidad Humana y no a un ideal difuso que la degrada y cosifica. Específicamente, el versículo 6 dice: «Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán satisfechos». Y el versículo 10, reza: «Dichosos los perseguidos por practicar la justicia, porque el Reino de los Cielos es para ellos».

Como se puede ver, en ninguna parte de la Sagrada Escritura la Palabra de Dios ofrece un paraíso terreno como fruto de la injusticia: y hasta donde –por sentido común– todos sabemos y entendemos, el terror, el secuestro, el narcotráfico, el minado de campos, el reclutamiento forzoso y de menores, el abuso, los abortos, las tomas, los atentados o las ejecuciones sumarias, lo son.

Pero si acaso osaran justificar su alzamiento y sus delitos precisamente en el supuesto de que lo hicieron porque tenían "hambre y sed de justicia", cabe recordarles lo que el versículo 5 deja bastante claro: que la promesa de que «heredarán la tierra» es para los humildes, no para los altaneros y soberbios; y ello es así por la sencilla razón de que "jamás, bajo ninguna circunstancia, es lícito hacer un mal para obtener un bien".

Sin Justicia no puede haber Paz. Por eso la promesa del Reino de los Cielos es para los justos. Someterse a la Justicia es el primer paso en firme hacia la Paz. Y para ello se necesita humildad, si es que esperamos sembrar y obtener algo verdaderamente bueno aquí en la tierra. La Palabra de Dios es clara, y en nada se parece a las promesas huecas e idealistas de las ideologías.

sábado, 12 de noviembre de 2016

DECLARACIÓN CONJUNTA DE CIUDADANOS Y ASOCIACIONES LAICALES CATÓLICOS

DECLARACIÓN CONJUNTA
DE CIUDADANOS Y ASOCIACIONES LAICALES
CATÓLICOS

Nosotros, los Fieles Laicos, tanto por iniciativa personal
como constituidos en Asociaciones Laicales Católicas

Y CONSIDERANDO

1º. Que “…la conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral”. (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, 2002).

2º. Que la situación extraordinaria, que en materia política y social afronta Colombia, amenaza el Orden Institucional.

3º. Que en nombre de la “paz” no se pueden legitimar ideologías e imponer normas contrarias al orden Moral, que atentan contra la Dignidad de la Persona, la Vida, la Familia o que interfieren el Derecho de los Padres a elegir la Educación más adecuada para sus hijos.

MANIFESTAMOS:

1. Rechazamos las declaraciones del señor Presidente de la República según las cuales quienes votamos NO lo hicimos “por ignorancia”, y nos permitimos recordarle que El NO fue el resultado claro, inapelable y contundente del plebiscito, y todos −en primer lugar el mismo Presidente de la República− debemos respetarlo con todas sus implicaciones y consecuencias políticas, jurídicas, sociales y morales. El NO al contenido de los acuerdos, los invalida de raíz; por lo tanto, lo único que tiene un carácter vinculante es dicha decisión.

2. Que “la paz no lo justifica todo”, y menos aún el sometimiento del Orden Constitucional e Institucional vigente a la ideología marxista comunista, que conduciría irremediablemente a un régimen totalitario con apariencia democrática. Bajo ningún aspecto, éste puede ser objeto de discusión o de negociación alguna.

3. En tal sentido, prevalecen y deben salvaguardarse los principios fundamentales del Estado de Derecho que garantizan la libre iniciativa, la propiedad privada, el derecho de asociación, la libertad de conciencia y de expresión, y la justicia, entre otros.

4. La doctrina de la Iglesia ha declarado y condenado reiteradamente los errores de la ideología marxista y del comunismo por ser intrínsecamente perversos y reducir a la persona humana y a la sociedad misma al materialismo, al ateísmo y a la negación de su propia realidad y naturaleza.

5. Rechazamos la pretensión de incluir la ideología de género como si se tratara de un bien y del sustrato sobre el cual se construiría una sociedad en paz, cuando lo que hace es promover el relativismo como sistema de valores e instaurar un orden amoral para “deconstruir” la noción de Persona y destruir la estructura de relaciones propia de la familia tradicional.

6. La persona, el matrimonio y la familia, son realidades de orden natural anteriores al Estado, perfectamente definidas en sí mismas y constitutivas de la sociedad. Como realidades naturales, son éstas las que se organizan y conforman primero la Sociedad y, luego, el Estado: no es el estado el que conforma la sociedad ni, mucho menos, el que la define, ni a sus instituciones intermedias. A éste le corresponde velar por su integridad mediante una adecuada acción subsidiaria y empeñar en ello toda su fuerza y su capacidad, con leyes justas.

7. De cara al Bien Común, el Estado debe estar al servicio de la sociedad y no al revés. El papel de la autoridad es ordenar la comunidad política no según la voluntad del partido mayoritario sino atendiendo a los fines de la misma, buscando la auténtica promoción de cada persona, aplicando el principio de subsidiariedad y protegiendo al más débil del más fuerte.

8. “Una política para la persona y para la sociedad sólo es posible mediante la defensa y promoción de la justicia, virtud en la que todos deben ser educados, y fuerza moral que sostiene el empeño por favorecer los derechos y deberes de todos y cada uno, sobre la base de la dignidad personal del ser humano” (Juan Pablo II, “Los Fieles Laicos”, No. 42 y 43).

9. Reiteramos que, como laicos, estamos llamados a “animar cristianamente el orden temporal sirviendo a la persona y a la sociedad, y de ningún modo podemos abdicar de la participación en la «política», es decir, en toda la acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común” (Juan Pablo II, “Los Fieles Laicos”, No. 42 y 43).

10. De acuerdo con lo anterior, invocamos la protección del Sagrado Corazón de Jesús, a cuyos pies fue consagrada la Nación, y de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Reina y Patrona de Colombia.


7 de octubre de 2016
Fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá,
Reina y Patrona de Colombia.